Lunes, julio 20, 2026

10 junio, 2026

Luis Enrique Sánchez Fernández

2026, del fútbol del pueblo al Mundial de las élites 

Luis Enrique Sánchez Fernández

Patear una pelota con fines de diversión colectiva es una práctica muy antigua. China, Mesoamérica e Italia registran, desde hace siglos, distintas formas de juegos donde una pelota era el centro del entretenimiento, la convivencia y la competencia. 

El fútbol moderno nació formalmente en Inglaterra en 1863 y, con algunas modificaciones a sus reglas, se convirtió en una de las actividades recreativas y deportivas más populares del planeta. Durante décadas fue un deporte sencillo, accesible y profundamente vinculado a los sectores populares. 

Bastaba un balón y un espacio libre para reunir a niños, jóvenes y adultos alrededor de una pasión común. 

Su crecimiento durante más de siglo y medio estuvo impulsado inicialmente por el interés deportivo. Sin embargo, con el paso de los años, los intereses económicos fueron ocupando un lugar cada vez más importante hasta transformar al fútbol en una de las industrias de entretenimiento más rentables del mundo. 

La Copa del Mundo es quizás el mejor ejemplo de esta transformación

Lo que comenzó como una competencia internacional entre selecciones nacionales se ha convertido en una gigantesca maquinaria económica de alcance global. 

 El Mundial de 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, reunirá por primera vez a 48 selecciones y 104 partidos distribuidos en 16 ciudades. De ellos, 78 se jugarán en Estados Unidos, 13 en México y 13 en Canadá. 

La ampliación del torneo ha sido presentada como una oportunidad para que más países participen. Sin embargo, también representa más partidos, más derechos de transmisión, más patrocinadores, más publicidad y mayores ingresos para la FIFA y sus socios comerciales. 

Desde Uruguay 1930 hasta la actualidad, veintidós Copas del Mundo han consolidado al fútbol como el deporte más seguido del planeta. Pero también han convertido a la FIFA en una de las organizaciones deportivas más poderosas económicamente. 

La pregunta es inevitable: ¿quién gana realmente con los mundiales? 

La respuesta parece clara. La FIFA obtiene miles de millones de dólares por derechos de televisión, patrocinios, licencias comerciales, mercadotecnia y venta de entradas. Las grandes cadenas de comunicación, las plataformas digitales y los patrocinadores internacionales también participan de ese enorme negocio. 

Mientras tanto, los países sede asumen buena parte de los costos. Estadios, infraestructura urbana, movilidad, seguridad, servicios públicos y promoción turística requieren inversiones multimillonarias que, en muchos casos, terminan siendo financiadas con recursos públicos

Los beneficios económicos para las naciones anfitrionas suelen ser menores a los anunciados. La derrama económica existe, sin duda, pero generalmente se concentra en determinados sectores y durante un tiempo limitado. Los gastos, en cambio, permanecen durante años. 

Tampoco el aficionado popular resulta ser el principal beneficiado. 

Asistir hoy a un Mundial exige recursos económicos que están fuera del alcance de millones de personas. Boletos, transporte, hospedaje, alimentos y servicios turísticos convierten la experiencia mundialista en un producto reservado para quienes poseen ingresos elevados. El seguidor tradicional, aquel que hizo del fútbol una pasión heredada de generación en generación, observa cada vez más el espectáculo desde la distancia y a través de plataformas que también debe pagar. 

El fútbol continúa siendo del pueblo en las calles, en los barrios, en las escuelas y en los campos improvisados donde millones de personas siguen encontrando en el una forma de convivencia y pertenencia. Pero los mundiales parecen pertenecer cada vez más a una estructura empresarial global, que ha descubierto como transformar la pasión colectiva en ganancias extraordinarias. 

Quizá el problema no sea que el fútbol genere riqueza. El verdadero problema surge cuando esa riqueza se concentra en unos cuantos, mientras los costos son compartidos por gobiernos, contribuyentes y aficionados. 

La historia del fútbol nació entre la gente. La historia de los mundiales contemporáneos parece escribirse cada vez más en las oficinas corporativas

Y esa diferencia merece, por lo menos, una reflexión crítica. 

Es cuanto.   

Autor

Luis Enrique Sánchez Fernández

Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.

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