Martes, marzo 24, 2026

24 marzo, 2026

Redacción PH

¡Silencio mente! estamos ocupados esculpiendo nuestros abdominales 

Desde: El departamento de excusas  

Por: Rubén Israel Gatica Gómez 

Vivimos en una época dorada para el cuerpo. Basta con abrir cualquier red social para encontrarnos con la rutina de piernas de alguien, el reto de 75 días Hard (muy Hard) o la última dieta cetogénica que promete un torso que ni Miguel Ángel esculpió a base de mármol. 

Nos miramos al espejo y nos obsesiona la línea de la mandíbula, la falta de volumen en el glúteo medio o esa pequeña curva que no debería estar ahí. Y está bien, ¿no? Cuidarse es lo moderno. Pero, curiosamente, en esta sala de máquinas del siglo XXI, hay un músculo que siempre dejamos sin entrenar, aplastado bajo el peso de las pesas rusas: el cerebro. 

Nos aplicamos crema con FPS 50 para evitar una mancha en la piel, pero permitimos que un comentario de nuestro jefe, una infidelidad o el abandono de un padre nos generen una mancha en el alma que no se quita ni con láser. 

Vamos al traumatólogo si nos duele una rodilla, pero si lo que nos duele es levantarnos de la cama cada mañana por una ansiedad paralizante, solemos responder con un: “No es para tanto”, “Hay que echarle ganas” o “Mira a los niños de África” (porque, efectivamente, el hambre mundial se cura con la represión emocional). 

El filósofo y psicólogo James Hillman ya hablaba de cómo la psicología moderna, a fuerza de querer ser científica, olvidó el alma. Nos hemos convertido en mecanismos de engranajes perfectos que funcionan, producen y aparentan, pero que por dentro rechinan de soledad. La psique no entiende de métricas de gimnasio; entiende de vínculos, de afecto y de traumas no resueltos. Y un trauma, querido lector, no se va haciendo sentadillas. 

La gran estafa: “Solo eres cuerpo” nos ha vendido la idea de que somos un organismo biológico que siente, cuando en realidad somos un espíritu (o una conciencia, o una emoción) que tiene un cuerpo. Al invertir la ecuación, hemos creado una generación de personas increíblemente tonificadas, pero emocionalmente en cuadrupedia. 

¿De qué sirve un six pack si por dentro tienes un cóctel de cortisol y reproches? Es como ponerle llantas de lujo a un coche al que le falla el motor. Se ve bonito en el parking, pero no llega a ninguna parte. ¿No crees? 

La importancia de no hacerse el fuerte (o cómo evitar el trauma) 

La psicología lleva décadas advirtiéndonos: lo que no se siente, se queda. Lo que no se llora, llora por dentro en forma de contractura, insomnio o ataques de pánico. No se trata de vivir en una burbuja para evitar el sufrimiento (eso es imposible), sino de procesar el sufrimiento para que no se enquiste. 

Ahí es donde entran herramientas terapéuticas que, curiosamente, podemos ver en vídeos de ejercicios de YouTube.  Por ejemplo, el EMDR(Eye Movement Desensitization and Reprocessing)

Puestos a entrenar, ¿por qué no entrenamos el cerebro como toca? 

El EMDR es una técnica psicológica que, a ojos de un fanático del gym, parecería magia. Consiste en estimular bilateralmente el cerebro (mediante movimientos oculares, sonidos o toques) para que la mente procese recuerdos traumáticos que se quedaron “congelados” en el sistema nervioso. 

Mientras que en el gimnasio hacemos series y repeticiones para romper la fibra muscular y que crezca, en EMDR hacemos series de estimulación para “romper” el nudo emocional y que el cerebro pueda digerir aquello que le atragantó.  

La importancia de amar en un mundo obsesionado con el rendimiento, pfff, El amor ha quedado relegado a una categoría de post de Instagram con filtro vintage. Pero amar y sentirse amado no es una cursilería: es una necesidad biológica. John Bowlby, el padre de la teoría del apego, ya demostró que nacemos con una necesidad intrínseca de establecer vínculos afectivos. Sin ellos, simplemente, no sobrevivimos. Nos secamos. 

Cuidar la salud mental es permitirnos ser vulnerables. Es entender que, a veces, lo que necesita reparación no es la fachada, sino los cimientos. Es validar nuestro miedo, nuestra rabia y nuestra tristeza, en lugar de maquillarlos con una rutina de cardio. 

No se trata de dejar de ir al gimnasio ni de abandonar el cuidado físico (ojalá vivamos 100 años y con buena movilidad). Se trata de equilibrar la balanza. 

La próxima vez que sientas un vacío en el pecho, un nudo en la garganta o un enfado que no sabes de dónde viene, no corras a mirar el espejo a ver si has ganado volumen. Siéntate, respira, y pregúntate: ¿A qué le estás haciendo más caso, a tu cuerpo o a tu historia? 

Porque al final, cuando te mueras (que te morirás, por muy fit que estés), no recordarán cómo te marcaba la camiseta, sino cómo tratabas a los demás y, sobre todo, cómo te tratabas a ti mismo por dentro. 

Pero para vivir necesitamos algo mas que un texto inspirador, asi que te comparto una recomendación si te parece pertinente, practiquemos un poco sobre lo que le llaman vida. 

Hagamos nuestra última carta de vida, ¿te atreves?. 

Imagina que tienes una carta pendiente para decirle a alguien lo que significa, para pedir perdón, para agradecer. La tanatología te recuerda que el cartero no pasa siempre; la logoterapia te dice que el sentido de esa carta no está en si la reciben o no, sino en tu decisión de escribirla con verdad. Los pretextos para posponer el amor y el respeto son como guardar la carta en un cajón con la excusa de que no es el momento perfecto. Pero el momento perfecto es ahora, porque lo único que realmente nos pertenece es la oportunidad de actuar con consciencia de que la vida es un préstamo que se agradece viviéndolo plenamente. 

Al final te darás cuenta cuantas acciones tenemos pendientes por hacer y cuales fortalecerán tu espíritu desde lo más profundo de tu ser. 

Así que vayamos pesando los kilos y midiendo las alegrías. 


Rubén Israel Gatica Gómez

Maestría en Psicología Organizacional en UPAEP, Ingeniero en Sistemas Computacionales por el Instituto Universitario Puebla. Consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo de empresas familiares. Miembro de la Semiotic Society of America. Alumno distinguido en certificación EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Facilitador de Mindfulness, Compasión y Comunicación No-Violenta (MICNV) por el Instituto de Ciencias para el Florecimiento Humano–Cultivo. Realizó una estancia internacional en Oklahoma State University en el área de logística, seguridad e higiene industrial (2011), y participó en el programa Faculty Led Study Abroad UJI: Organizaciones Saludables y Resilientes (2022) por la Universitat Jaume I de Castelló, España.

Actualmente consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo para adultos mayores y personas con cáncer en fase crítica o terminal. Miembro de la Semiotic Society of America.

Autor

Redacción PH

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