Lunes, julio 20, 2026

6 julio, 2026

Luis Enrique Sánchez Díaz

Ajedrez con baches: la sucesión municipal de Puebla rumbo a 2027

Por Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz

En Puebla, la política no camina: se desliza. No entra por la puerta principal, porque ahí están los reporteros, los boletines y los funcionarios diciendo “unidad” con esa cara de quien acaba de salir de una reunión donde se repartieron cuchillos. Entra por los pasillos, por los cafés, por las columnas con veneno diluido, por las bardas que nadie mandó pintar y por las encuestas que siempre llegan con vocación de profecía.

La sucesión municipal de 2027 todavía no empieza, dicen. Hermosa frase. En Puebla, cuando alguien dice que algo no ha empezado, normalmente quiere decir que ya va bastante avanzado pero aún no conviene reconocerlo.

El tablero está servido. La capital no es un municipio: es vitrina, botín, altavoz, plataforma y amenaza. Quien gobierna Puebla capital no administra solamente luminarias, pavimento y quejas vecinales; administra visibilidad. Y la visibilidad, cuando se acumula demasiado, empieza a parecer poder propio. Ése es el pecado original de cualquier alcalde capitalino: si fracasa, estorba; si funciona, también.

Pepe Chedraui está exactamente ahí: en el lugar incómodo de quien tiene cargo, estructura, reflectores y desgaste. Su ventaja es obvia: gobierna. Su problema también: gobierna. Cada bache le cobra renta política. Cada asalto le hace campaña a sus adversarios. Cada inundación escribe una columna sin necesidad de columnista. La ciudad, esa militante cruel, no perdona.

A Pepe no necesitan destruirlo. Sería vulgar. Basta con bajarle la estatura. Que siga apareciendo en fotos, que hable de coordinación, que sonría junto al gobernador, que inaugure, que recorra, que explique. Pero que al mismo tiempo se instale la duda: ¿manda o administra? ¿gobierna o acompaña? ¿reelección o concesión? En política, la sospecha no pide acta notarial; le basta una frase bien repetida.

Ésa es la jugada fina: no tumbar al alcalde, sino impedir que se vuelva inevitable.

Del otro lado aparece Laura Artemisa García, no como relámpago, sino como estructura. Bienestar no es una oficina: es mapa. Colonia por colonia, necesidad por necesidad, comité por comité, la política social construye esa clase de poder que no siempre se ve en redes, pero que sí sabe tocar puertas. Laura no necesita parecer carismática si logra parecer necesaria.

Por eso le pegan con anticipados, programas, bardas, imposición. No atacan su debilidad: atacan su posible fuerza. Si su ruta es el territorio social, su pecado será parecer que lo electoraliza. Si su virtud es la cercanía con el poder, su condena será parecer enviada por él. Es la tragedia de los ungidos: avanzan rápido, pero dejan huellas.

Gaby “La Bonita” Sánchez juega otra partida. Ella no entra por el expediente, sino por el relato. Boxeadora, joven, mujer, disciplina, superación. En una política poblada de hombres que necesitan tres asesores para explicar por qué importan, una biografía clara vale oro. Gaby es campaña antes de ser candidatura. Es imagen, contraste, frescura, emoción. Quizá le falte aparato, quizá le sobre encanto. Pero en una sucesión donde todos huelen a cálculo, el encanto también calcula.

Laura es territorio. Gaby es narrativa. Pepe es incumbencia. Y José Luis García Parra es sombra.

No hay que subestimar a las sombras. En los palacios, los nombres que no se declaran suelen pesar más que los que hacen ruido. García Parra puede negar, esperar, sonreír poco, aparecer menos y significar mucho. Su función no necesariamente es ser candidato; puede ser recordatorio. El gobernador tiene cuadros. Tiene gabinete. Tiene fichas. Tiene tiempo. Y en política, tener tiempo es tener veneno con coartada.

Lo interesante no es que haya muchos aspirantes. Lo interesante es que ninguno está completo. Pepe tiene votos, pero necesita permiso. Laura tiene estructura, pero carga sospecha. Gaby tiene relato, pero necesita demostrar oficio. García Parra tiene cercanía, pero no puede parecer ambicioso. Todos tienen algo. A todos les falta algo. Y mientras todos necesiten algo, el poder conserva la mano.

Así se inclina una mesa.

No se decide todavía porque decidir temprano sería regalar agravios. Mejor administrar incertidumbre. Que Pepe se desgaste lo suficiente para negociar. Que Laura crezca lo suficiente para ser opción, pero no tanto como para parecer imposición sin pudor. Que Gaby suba lo suficiente para inquietar a todos. Que García Parra permanezca como posibilidad, esa forma elegante de amenaza.

La oposición mira con apetito. No necesita vencer a Morena en abstracto; necesita que Morena se hiera con elegancia. Un alcalde desplazado, una mujer impuesta, una estructura resentida, una encuesta sospechosa, una foto de unidad donde todos sonrían demasiado: con eso se empieza una campaña competitiva. Las derrotas no siempre nacen en las urnas. A veces nacen en la mesa donde se reparte el futuro y alguien siente que le sirvieron las sobras.

Pero el poder estatal tampoco juega a las damas chinas. Juega ajedrez político. Y en ese ajedrez, la candidatura no se entrega: se administra. El candidato ideal no es el más querido ni el más puro ni siquiera el más mencionado. Es el que gana sin independizarse, obedece sin parecer títere y suma sin abrir sucesión propia.

Ése es el dilema de Armenta: necesita ganar Puebla capital, pero también necesita ganar al próximo alcalde. Porque una cosa es conquistar la plaza y otra muy distinta es que la plaza no se convierta después en principado.

Por ahora, nadie está en campaña, desde luego. Solo hay recorridos, bardas, encuestas, programas, columnas, fotografías, rumores, filtraciones y declaraciones de unidad. Nada serio. Apenas la normalidad democrática poblana: todos negando lo que todos están haciendo.

La mesa está inclinada. Pepe resiste. Laura opera. Gaby encanta. García Parra espera. La oposición reza por una fractura. Y el poder, que rara vez tiene prisa cuando conserva el reloj, observa.

En Puebla, las piezas no siempre se mueven solas.

A veces alguien apenas sopla.

Y luego todos fingen sorpresa al ver caer al rey.


Semblanza del autor

Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor investigador universitario, consultor y analista político. Trabaja temas de administración pública, gobernanza, inteligencia artificial, big data, comunicación estratégica y toma de decisiones. Escribe sobre poder, instituciones, tecnología y vida pública desde una mirada crítica, filosa y no complaciente.

Sitio web: luisenriquesan.blog | X: @luisenriquesan | Telegram: t.me/profesorluisenrique

Autor

Luis Enrique Sánchez Díaz

Artículos Relacionados

Ajedrez con baches: la sucesión municipal de Puebla rumbo a 2027

Por Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz En Puebla, la política no camina: se desliza. No entra por la puerta principal,...

LEER NOTA

La universidad después de la universidad

La inteligencia artificial no mató a la universidad: sólo hizo visible que el modelo ya venía agotado. Dr. Luis Enrique...

LEER NOTA

No era inteligencia artificial: era criterio

Sobre la diferencia entre usar una herramienta y saber convertir información dispersa en pensamiento útil. Por Dr. Luis Enrique Sánchez...

LEER NOTA