Alito VS Noroña, cuando la política pierde y el madrazo gana
Luis Enrique Sánchez Fernández
En la historia de la política, los debates siempre han sido terreno fértil para la confrontación de ideas, pero también, en no pocas ocasiones, para el estallido de pasiones que se desbordan más allá de los argumentos. No me refiero solo a insultos, sino a violencia física: golpes, bastonazos, sillazos o, incluso, persecuciones mortales.
La Revolución Francesa es un ejemplo paradigmático: los debates de la Asamblea Nacional no se limitaron al intercambio de posturas, sino que terminaron en la guillotina para quienes perdían el pulso político. En Estados Unidos, en 1856, el senador Charles Sumner fue brutalmente golpeado con un bastón dentro del Congreso por un legislador contrario, en pleno debate sobre la esclavitud. En México, durante el siglo XIX, no era raro que liberales y conservadores llevaran sus disputas parlamentarias al campo del duelo.
Más cerca de nuestro tiempo, hemos visto escenas vergonzosas: en parlamentos de Asia se lanzan sillas, en Venezuela los diputados se enfrentaron a golpes en 2013, y en México, las sesiones del Congreso han estado marcadas por empujones, gritos, pancartas y descalificaciones.
¿Es deseable? Evidentemente no. La política debería ser un ejercicio de palabra, razón y propuesta. Pero también es comprensible: cuando los intereses son de vida o muerte para los actores políticos, cuando el poder significa supervivencia o desaparición, la disputa se vuelve visceral y la violencia se asoma.
La democracia moderna busca precisamente contener esos excesos. La fuerza del argumento debe imponerse sobre el argumento de la fuerza. Sin embargo, sería ingenuo pensar que la pasión política desaparecerá: el conflicto está en el ADN de la vida pública. Lo que está en juego es si seguimos canalizando esa energía hacia el diálogo y la negociación, o si permitimos que la violencia vuelva a ocupar el lugar que pertenece a la palabra.
La pregunta no es si habrá enfrentamiento en la política, porque lo habrá siempre. La pregunta es qué tipo de enfrentamiento queremos: de ideas o de golpes.
Es cuanto.
Autor
Luis Enrique Sánchez Fernández
Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.
Artículos Relacionados
30 agosto, 2025
Alito VS Noroña, cuando la política pierde y el madrazo gana
Luis Enrique Sánchez Fernández En la historia de la política, los debates siempre han sido terreno fértil para la confrontación...
LEER NOTA17 agosto, 2025
Puebla: la pobreza que no se quiere ver
Luis Enrique Sánchez Fernández En Puebla, casi la mitad de la población —44.5%— vive en pobreza multidimensional, según CONEVAL. No...
LEER NOTA10 agosto, 2025
San José Chiapa: el reto de no repetir la historia de Audi
Luis Enrique Sánchez Fernández En 2013, la llegada de la planta de Audi a San José Chiapa fue presentada como...
LEER NOTA