Viernes, julio 19, 2024

29 junio, 2024

Abel Pérez Rojas

De vuelta

I

Te amo como nadie te ha amado, como nadie te amará, como si se tratara del mejor de tus relatos, dijo en la medida que se entregaba en los brazos bronceados de Susana, la mujer de mirada miel dueña de sus sueños.

Distante estaba de imaginar que al día siguiente, al despertar, no la volvería a ver.

No medió despedida, menos explicación alguna.

Su ausencia fue el mensaje, el mensajero y la conclusión de aquella relación que ya le había afectado la cartera y, a partir de ese momento, la salud y futuro.

En sus oídos retumbaban frescas las palabras que piel a piel le robaron todo: –Yo también te amo con la misma intensidad y sin reserva alguna. Quiero ser tuya, quiero que seas mío.

II

Extrañaré todas tus mentiras / sin excepción alguna, / las que me dijiste al amanecer, / las del mediodía / y las de antes de dormir; / en las que actuaste, / en las que fuiste indirecta, / en las que no te tocaste el corazón, / en las que no fingiste. / También lo haré con las simples, / las complejas, / las de poca duración, / las duraderas, / las coléricas / y las alegres. / Las extrañaré, / aunque sin ellas ahorre energía, / a pesar de que me quede más tiempo para mí / y sean menos las quimeras. / Extrañaré todas tus mentiras, / sí, / extrañaré todas, / en especial la mentira reina, / aquella que dijiste a mi oído, / por la cual creí que el amor imposible es posible / y que, / valen la pena vivir todas tus mentiras. (Mentira reina. APR. Noviembre, 2020)

III

Al fondo de la vereda la espesa selva abre su vientre a una choza de madera en ruinas.

Adentro, concentrada, la anciana revisa minuciosamente las conchas marinas.

–¡Nae, nae, naeeeeee, uuuuuh, uuuuuuh, uuuuuuuhh!, sale de su garganta a manera de ícaro chamánico, voz de la Madre Tierra.

Él mira con la luz del iris apagada, esperando que el fuego regrese de donde hace mucho no ha vuelto a sus entrañas.

El ritual sigue, él cae en un profundo sueño sin tiempo y espacio.

II

Tu ausencia se llevó mi suerte, / si no estás de poco sirven: / mi pata de conejo, / mi trébol de cuatro hojas, / mi trol narigón, / mi corona de ajos machos, / mi maceta de sábila, / mi gato japonés, / mi cazador de sueños, / mi elefante de marfil, / mi Buda panzón, / mis borreguitos lanudos, / mi herradura forjada, / mi collar de obsidiana, / mi pulsera de ámbar, / mi ceñidor rojo, / mis calzoncillos amarillos, / y mi bala de plata grabada. / Te fuiste y te llevaste / mi pensamiento mágico, / mi confianza en los amuletos, / y mi poder de convencimiento. / Te fuiste / y te llevaste al chamán, / al vidente, / al médium / y sólo el profeta resistió / los embates del olvido y de la distancia; / únicamente él supo descifrar / las largas horas de oración y mortificación, / que sólo son máscara de la redención profunda, / con la que nada pueden fetiches, / talismanes ni falsos rezos. (Amuletos. APR. Agosto, 2019)

III

La realidad se desfragmenta en millones de cubos de colores que paren miles, millones de haces de luz.

Su ser se derrite.

Todo quedó atrás.

Matrix cedió al efecto del ritual.

Él –si es que se le  puede llamar así en ese punto del viaje–, queda frente a sí, sin nada de por medio, sin la realidad superflua que nos vuelve objetos, manada.

IV

Te nombraré mi amuleto, / llenarás mis lagunas, / cubrirás mis huecos, / darás contenido a la vacante, / serás la fortaleza / de la débil tropa / que protege la plaza / que guarece mi turbina escarlata. / Diré que eres mi talismán, / como aquel que aferrado al pecho / acompaña a Margarita, / a Lupita, / a Juan / o a Pedro, / a cruzar el Desierto de Arizona / y sortear las balas / de los cazadores de migrantes. / Te equipararé al anillo / que el Mago / le dio en su iniciación / al neófito / para recordarle su nombre místico, / su identidad en lo oculto / y su misión en la tercera dimensión. / Serás el tótem / que me recuerde / el vigor que olvido, / la entereza que poseo, / el encanto que abre puertas, / la inteligencia de los delfines / y la mirada de las águilas. / Significarás un amarre / que me ciña a lo mejor de la vida, / al centro del Universo / y al refugio prístino / del cual venimos. / Te nombraré mi amuleto / aunque ni tú ni yo lo necesitemos, / porque no creemos en fetiches, / pero sí confiamos en la energía de la vida, / el impulso de lo velado, / y sobre todo, / en el poder del amor. (Te nombraré. APR. Julio, 2020)

V

Todo es diferente, está en paz y tranquilo mientras pierde la mirada por la ventanilla del avión.

Siente como si trajera una antorcha en el pecho.

Está de vuelta, el brillo en sus ojos también.

Abel Pérez Rojas ([email protected]) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com  #abelperezrojaspoeta

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Abel Pérez Rojas

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