El periodismo bajo fuego cruzado: poder, polarización y descrédito
Por Luis Enrique Sánchez Fernández
Si en México ejercer el periodismo implica riesgo físico y precariedad laboral, ejercerlo hoy también supone librar una batalla simbólica: la de la credibilidad. No es un frente menor. Por el contrario, es ahí donde se redefine el lugar social del periodismo y, con él, su capacidad real de influir en la vida pública.
La relación entre poder y prensa nunca ha sido cómoda. Pero en el contexto actual se ha transformado en una confrontación abierta, marcada por la polarización política y el descrédito sistemático. Desde el discurso oficial —y también desde la oposición— el periodismo es etiquetado con facilidad: “aliado”, “enemigo”, “vendido”, “conservador” o “oficialista”. El matiz desaparece; la crítica se interpreta como ataque.
Este clima erosiona uno de los pilares de la democracia: la legitimidad de la información. Cuando el poder desacredita a la prensa, no cuestiona solo a los medios; cuestiona el derecho de la sociedad a estar informada. El mensaje implícito es peligroso: no confíe en los intermediarios, confíe solo en la versión del poder o en la de su propia burbuja ideológica.
Las redes sociales han profundizado este fenómeno. Por un lado, ampliaron el acceso a la información y abrieron espacios a nuevos proyectos periodísticos. Por otro, se convirtieron en tribunales sumarios donde el periodista es expuesto al linchamiento digital, la desinformación y el acoso organizado. La crítica legítima se diluye entre campañas de odio, bots y noticias falsas que circulan con mayor velocidad que los desmentidos.
El resultado es una sociedad fragmentada en audiencias que ya no buscan información, sino confirmación. Se consume aquello que reafirma creencias previas y se descalifica lo que incomoda. En ese entorno, el periodismo crítico queda atrapado entre dos fuegos: el del poder político y el de una opinión pública polarizada que sospecha de todo lo que no coincide con su postura.
Paradójicamente, cuanto más se desacredita al periodismo, más necesario se vuelve. Porque sin mediadores profesionales, con reglas éticas y verificación de datos, el espacio público se llena de rumores, propaganda y versiones interesadas. Organizaciones como Artículo 19 han advertido que la estigmatización del trabajo periodístico no solo incrementa los riesgos, sino que normaliza la violencia simbólica y física contra quienes informan.
El problema no es la crítica al periodismo —siempre necesaria—, sino su deslegitimación sistemática. Criticar es exigir mejores prácticas; desacreditar es buscar el silencio. En esa diferencia se juega buena parte del futuro democrático del país.
El periodismo mexicano no atraviesa únicamente una crisis económica o de seguridad. Enfrenta una crisis de confianza inducida por la polarización y alimentada por la simplificación del debate público. Recuperar esa confianza no será tarea exclusiva de los medios, pero sin periodismo profesional no habrá conversación pública informada, solo ruido.
Hoy, más que nunca, el periodismo es un contrapeso incómodo. Y por eso mismo, indispensable.
Es cuanto.
Autor
Luis Enrique Sánchez Fernández
Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.
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