Jueves, marzo 19, 2026

19 marzo, 2026

Redacción PH

Entre consensos y simulación: el Plan B va sin tocar a las élites partidistas

Angélica Beltrán

La primera misión imposible de probar la Reforma Electoral en sus términos originales, se la dejó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal; ahora, con el Plan B, la tarea parece allanarse para su homólogo en el Senado, Ignacio Mier Velazco.

Y es que, en esta segunda versión, quedaron a salvo los privilegios que defendieron las familias políticas beneficiarias del sistema de partidos: PT y Verde, como aliados; así como la oposición —PRI, PAN y MC—, que durante décadas se han sostenido con altos sueldos y prebendas provenientes del erario, sin mediar el respaldo directo de la ciudadanía en las urnas.

La tarea fácil la tiene ahora, en su propio terreno, el poblano Nacho Mier, quien podrá lucirse con la aprobación del Plan B de la reforma electoral, ya consensuado con los “aliados”, los que han anticipado su respaldo total y con ello su voto a favor.

Sin embargo, ello no borra el papel del PT y el Partido Verde Ecologista de México como los grandes farsantes de la política nacional: dicen respaldar un proyecto de transformación, pero se resisten a cualquier ajuste que implique recortar sus privilegios como partidos comparsa y rémoras, cuya subsistencia depende del partido en el poder, llámese PRI, PAN o MORENA.

Así, el camino queda despejado para la aprobación del Plan B en la Cámara Alta, mientras el financiamiento a los partidos seguirá siendo oneroso, suficiente para sostener a miles de familias de políticos que poco producen y mucho simulan bajo el discurso de la democracia participativa y la pluralidad. Las listas de representación proporcional permanecen intactas, y con ellas, el control de las élites partidistas para designar —como siempre— a perfiles con poder económico, aunque sin arraigo social.

En este contexto, la reforma electoral presidencial cumplirá sólo parcialmente su objetivo de reducir el gasto público: los recortes se concentran en los estados, ayuntamientos y en los órganos electorales regionales, dejando intacta a la élite dorada del sistema político.

Paradójicamente, aunque la propuesta original fue rechazada, dejó una ganancia política para la presidenta Sheinbaum al evidenciar a sus aliados. Como dicta el refrán, “el pez por la boca muere”: PT y Verde comenzaron a exhibirse con sus propios argumentos en defensa de una supuesta democracia que, en los hechos, protege intereses familiares y perpetúa un sistema hecho a modo para simular pluralidad.

Autor

Redacción PH

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