Jueves, septiembre 10, 2026

13 agosto, 2026

Pedro Lara Hernández

La emigración en el mundo 

Pedro Lara Hernández 

A Rodolfo Sánchez Mena
Querido hermano y valioso.
Compañero de viaje.

In memoriam

“me fui; me llevé mi esencia a otro lugar.”

                                                                                                              

La emigración está íntimamente ligada a la historia de la humanidad. Desde que nuestros más remotos antepasados comenzaron a desplazarse desde África hacia otras regiones del planeta, la búsqueda de mejores condiciones para vivir, sobrevivir y desarrollarse ha acompañado permanentemente a nuestra especie. A lo largo de miles de años, esos desplazamientos contribuyeron al poblamiento de los continentes y, con el transcurso del tiempo, al surgimiento de pueblos, culturas y civilizaciones. 

Migrar encierra una profunda paradoja humana: significa, muchas veces, el dolor de abandonar la tierra de origen, la familia, los afectos, las costumbres y una parte de la propia identidad; pero representa también la esperanza de encontrar seguridad, trabajo, libertad y un futuro mejor. 

Entendida en términos generales, la migración es el desplazamiento de personas o grupos humanos desde su lugar habitual de residencia hacia otro territorio, dentro o fuera de las fronteras de un país, con el propósito de establecerse temporal o permanentemente. Este fenómeno responde a causas muy diversas, que con frecuencia se encuentran estrechamente relacionadas entre sí. 

Entre las causas económicas destacan el desempleo, los bajos salarios, la pobreza, la desigualdad social y la falta de oportunidades laborales. En el ámbito político, las guerras, las persecuciones, las dictaduras, los conflictos internos y las violaciones a los derechos humanos han obligado a millones de personas a abandonar sus hogares. 

Existen también importantes causas sociales, como la reunificación familiar, la búsqueda de mejores oportunidades educativas, el acceso a servicios de salud y la aspiración legítima a una mayor calidad de vida. A ellas se suman cada vez con mayor intensidad las causas ambientales: el cambio climático, las sequías prolongadas, las inundaciones, los huracanes, la desertificación, la degradación de los ecosistemas y la creciente escasez de agua. 

Entre los grandes movimientos humanos que han marcado la historia podemos mencionar la expansión del Homo sapiens desde África hacia los demás continentes; las migraciones indoeuropeas; los desplazamientos de pueblos durante la Antigüedad tardía y la Edad Media, tradicionalmente conocidos como invasiones bárbaras; la colonización europea de América; la trata transatlántica de personas esclavizadas; las grandes migraciones europeas hacia América durante los siglos XIX y XX; el éxodo del campo hacia las ciudades provocado por los procesos de industrialización, y las actuales corrientes migratorias desde regiones menos desarrolladas hacia los grandes centros económicos del planeta. 

La inmigración puede producir importantes beneficios para las sociedades receptoras. Entre ellos se encuentran el incremento de la fuerza laboral, la incorporación de trabajadores a sectores productivos que requieren mano de obra, una mayor actividad económica, el rejuvenecimiento de sociedades afectadas por el envejecimiento demográfico y el enriquecimiento cultural derivado de la convivencia entre personas de diferentes orígenes. 

Los países de los que parten los migrantes experimentan consecuencias contradictorias. Una de las principales ventajas económicas son las remesas que los trabajadores envían a sus familias. Para millones de hogares, estos recursos representan alimentación, vivienda, educación, salud y posibilidades de mejorar sus condiciones materiales de vida. 

Los gobiernos de los países de origen, tránsito y destino tienen la responsabilidad de diseñar políticas públicas capaces de ordenar los flujos migratorios, proteger los derechos humanos, combatir el tráfico y la explotación de personas, facilitar una integración social adecuada y, sobre todo, atender las causas estructurales que obligan a millones de seres humanos a abandonar sus comunidades. 

En un mundo profundamente interdependiente, la migración no puede entenderse como un problema exclusivo de quienes parten ni de quienes los reciben. Es un desafío compartido que exige cooperación internacional, desarrollo económico con justicia social, protección efectiva de los derechos humanos y políticas capaces de conciliar las legítimas necesidades de los Estados con la dignidad de las personas. 

Porque detrás de cada migrante existe mucho más que una estadística: hay una historia, una familia, una ausencia, una esperanza y un ser humano que lleva consigo, dondequiera que vaya, una parte de la tierra que un día tuvo que dejar. 

Autor

Pedro Lara Hernández

Estudió Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. Diplomado en Política Gubernamental. Diplomado en Administración y Decisiones Financieras. Maestría en Ingeniería Económica Financiera. Ha colaborado en diferentes áreas en la administración pública federal y en los estados de Tabasco y Veracruz. Periodista y analista de la realidad política y económica de México.

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