THERIANS: Más allá del aullido social – Pánico moral, el desafío de identidad que incomoda
Rubén Israel Gatica Gómez
En las últimas semanas, los Therians —jóvenes que se desplazan a cuatro patas, que aúllan, que sienten que su identidad trasciende lo humano— se han convertido en el blanco perfecto de la indignación fácil. Desde el desconcierto de padres hasta los exabruptos de políticos y la mofa de influencers, el termómetro social se ha disparado.
La ciencia habla: ¿Qué dice la investigación sobre los Therians
Para responder con rigor, debemos acudir a la evidencia científica. En 2025, los psiquiatras Jan Dirk Blom y Brian A. Sharpless publicaron en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews la revisión sistemática más completa hasta la fecha sobre la teriantropía clínica . Este estudio, que analizó 77 casos documentados a lo largo de la historia, establece una distinción crucial que los debates públicos ignoran sistemáticamente.
Los autores proponen “un espectro diagnóstico que incluya casos clínicos y no clínicos, estos últimos comprendiendo a therians, furries, otherkin y otras personas que experimentan diversos niveles de identificación con animales” . Es decir, la ciencia más reciente no patologiza la identidad Therian per se, sino que la sitúa en un continuo donde solo un extremo corresponde a patología.
Los hallazgos del estudio de Blom y Sharpless son reveladores:
- El 68% de los casos clínicos involucraban la creencia delirante de transformarse en caninos.
- Estos casos estaban asociados principalmente a trastornos psicóticos (41%), depresión psicótica (24%) y trastorno bipolar (18%) .
- El 16% presentó conductas violentas dirigidas a otros.
- El tratamiento logró remisión completa en el 58% y parcial en el 33%.
Pero lo más importante: estos son casos clínicos, no la experiencia de la mayoría de los jóvenes que hoy se autodenominan Therians. Los propios autores advierten explícitamente contra la patologización innecesaria de estos grupos no clínicos.
¿Qué ocurre en el cerebro?
Blom y Sharpless proponen un “modelo de dos impactos” para explicar la teriantropía clínica que ayuda a entender por qué la mayoría de los Therians no encajan en esta categoría:
- Primer impacto: Una alteración en la percepción corporal (cenestesiopatía). El cerebro genera una representación interna del cuerpo que no coincide con su estructura física real, afectando regiones como la ínsula, el lóbulo parietal y las redes somatosensoriales.
- Segundo impacto: Formación de una interpretación delirante. Cuando los sistemas encargados de evaluar y corregir interpretaciones (especialmente en la corteza prefrontal) no logran ajustar esa percepción, se construye una explicación delirante.
En los Therians no clínicos, esta segunda etapa no ocurre. La persona experimenta una conexión profunda con lo animal, pero no pierde la capacidad de diferenciar la realidad de la ficción. Como señala la psicóloga social Ileana Acosta, “mientras puedan entrar y salir del rol, mientras puedan diferenciar la realidad de la ficción, está todo absolutamente bien”.
Un estudio pionero de Helen Clegg y colaboradores (2019) evaluó a 112 therians y 265 no therians utilizando escalas validadas de bienestar psicológico, esquizotipia y cociente de espectro autista. Los resultados matizan significativamente la visión estigmatizante:
- Los therians puntuaron más bajo en variables asociadas a relaciones sociales positivas, lo que los autores atribuyen a factores cognitivos y al estigma social.
- Sin embargo, ser therian actuaba como “factor protector” para aquellos con mayores niveles de autismo y esquizotipia, moderando la relación con la autonomía personal.
Es decir, la identidad Therian puede funcionar como una estrategia adaptativa para personas que, de otro modo, podrían experimentar un malestar psicológico mayor. La comunidad Therian proporciona un marco de pertenencia y sentido a quienes se sienten desplazados del molde neurotípico.
La trampa de los diagnósticos fáciles sobre los Therians
El psicólogo clínico Alberto Soler lo explica con claridad aplicada al fenómeno Therian: “Cuando un niño se disfraza, estamos ante un juego. Cuando un adulto sale a la calle creyendo que es un perro y actuando como tal, es más propio de un brote psicótico. ¿Y un adolescente que dice ser Therian? Depende”. Y ese “depende” es lo que la opinión pública se salta siempre cuando juzga a los Therians.
La psicóloga social Ileana Acosta profundiza sobre la motivación de los Therians: “En otros contextos, el malestar se somatizaba a través del alcohol, las drogas o la violencia. En estos contextos hipertecnológicos, el malestar se expresa en microidentidades experimentales como la Therian“. Ser Therian puede ser, para muchos, una forma de gestionar la ansiedad y la presión social, creando una comunidad con códigos propios donde sentirse seguros.
Acosta lanza además una hipótesis provocadora sobre los Therians: “¿Qué tienen los animales que los Therians buscan? Tienen una vida muy simple, están en su contexto de relax… Eso es lo que están buscando”. En un mundo hipercompetitivo, saturado de estímulos y expectativas, tal vez lo más subversivo que hace un Therian sea precisamente querer vivir con la sencillez de un animal.
Una perspectiva histórica: los Therians no son nuevos
Conviene recordar que el fenómeno de identificación con animales no es nuevo. Como señala un artículo de Psyciencia, “hace más de 2000 años que se registran fenómenos zoomórficos. Datan desde al menos el siglo VI a. C.”. Hipócrates ya documentó en el siglo IV a. C. formas de “melancolía” con conductas animales.
La diferencia es que hoy, en lugar de ser interpretados como posesiones demoníacas o castigos divinos, los Therians son patologizados o ridiculizados con la misma rapidez con la que antes se quemaba herejes. El estigma cambia de forma, pero no de fondo.
Hacia el futuro: Una oportunidad para la empatía con los Therians
El fenómeno Therian actúa como un termómetro de nuestra tolerancia. La viralización y el tratamiento mediático revelan nuestros prejuicios y la rapidez con la que estigmatizamos lo que no entendemos, especialmente cuando se trata de la identidad Therian.
Si bien es necesario establecer límites claros cuando una conducta afecta la convivencia, el reto como sociedad no es patologizar o ridiculizar a los Therians, sino comprender. Preguntarnos “¿qué nos dice su comportamiento como Therians sobre el mundo que les estamos dejando?” en lugar de “¿qué les pasa a estos jóvenes Therians?”.
Desde la psicología del adulto mayor no debe ver al therian como una amenaza, sino como un síntoma de los tiempos. Así como ellos usaron el cabello largo o el rock para rebelarse, también teníamos a los pachucos, caifanes, etc., estos chicos usan la identidad animal para decir: “No encajo en el mundo digital, frío y competitivo que construyeron”.
Para su paz mental, es útil que sepan que:
- No es una moda contra ustedes: Es un grito de auxilio o de expresión de ellos. No es un rechazo a la familia, es un refugio para un mundo que les abruma.
- El límite es el daño: Si el chico es funcional (estudia, trabaja, respeta), no hay peligro real. Si deja de funcionar, ahí sí, hay que intervenir.
- Su mejor vacuna es el amor: Así como la vacuna protege el cuerpo, el amor y la aceptación (sin burla) protegen la mente de ese joven. Ustedes no tienen que entenderlo, solo tienen que estar ahí.
Al final, como dice la sabiduría popular: “Cada loco con su tema”. Y a veces, el mejor regalo que le puede dar un abuelo a su nieto es el espacio para ser “loco” sin dejar de sentirse amado.
- Blom, J. D., & Sharpless, B. A. (2025). A systematic review on clinical therianthropy and a proposal to conceptualize zoomorphism as a diagnostic spectrum. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 174, 106193.
- Clegg, H., Collings, R., & Roxburgh, E. C. (2019). Therianthropy: Wellbeing, Schizotypy, and Autism in Individuals Who Self-Identify as Non-Human. Society & Animals, 27(4), 403-426.
Rubén Israel Gatica Gómez
Maestría en Psicología Organizacional en UPAEP, Ingeniero en Sistemas Computacionales por el Instituto Universitario Puebla. Consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo de empresas familiares. Miembro de la Semiotic Society of America. Alumno distinguido en certificación EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Facilitador de Mindfulness, Compasión y Comunicación No-Violenta (MICNV) por el Instituto de Ciencias para el Florecimiento Humano–Cultivo. Realizó una estancia internacional en Oklahoma State University en el área de logística, seguridad e higiene industrial (2011), y participó en el programa Faculty Led Study Abroad UJI: Organizaciones Saludables y Resilientes (2022) por la Universitat Jaume I de Castelló, España.
Actualmente consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo para adultos mayores y personas con cáncer en fase crítica o terminal. Miembro de la Semiotic Society of America.
Autor
Redacción PH
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