Domingo, julio 19, 2026

15 junio, 2026

Redacción PH

Vacaciones que sanan: Lo que tu hijo no te dijo del bullying, la ansiedad y el miedo a crecer

Un artículo para madres, padres y cuidadores que entienden que la escuela de padres nunca termina.

Por: Rubén Israel Gatica Gómez

A los padres:

Su hijo está por cambiar de curso. No se trata solo de comprar útiles nuevos o uniformes más grandes. Detrás de esa mochila vieja hay un niño o adolescente que carga heridas silenciosas (bullying que tal vez nunca confesó), ansiedad por exámenes y tareas que usted ni siquiera imaginaba, y una pequeña tristeza tanatológica por dejar atrás una etapa de su niñez o adolescencia temprana.

Estas vacaciones son, ante todo, una oportunidad única para la escuela para padres. Porque los aprendizajes emocionales más importantes no ocurren en el aula, sino en la mesa, en el viaje corto, en el silencio del auto o en la conversación antes de dormir.

A continuación, lo que su hijo necesita que usted atienda ahora, antes de que empiece el próximo curso.

Las heridas del bullying: no es cosa de niños, es cosa de padres que escuchan a tiempo, muchos niños no hablan del bullying por vergüenza o miedo a que usted “haga algo que empeore las cosas”. Pero el cuerpo habla: cambios de humor, dolores de panza sin causa médica, pérdida de interés en ir a la escuela.

Tarea de padres en vacaciones: (NO on line)
Pregúntele:

  • “¿Hubo algún momento este año en el que te sentiste solo en el colegio?”
  • “¿Hay algo de este curso que no quieras llevarte al siguiente?”

Valide su dolor. No lo minimice con “son cosas de niños”. Desde la logoterapia, recuerde que entre lo que le pasó y cómo lo interpreta hay un espacio donde usted, como padre, puede ayudarlo a encontrar sentido, no a justificar el daño.

Si su hijo fue agresor (aunque duela aceptarlo), estas vacaciones son el momento de enseñarle empatía: no con castigos, sino con preguntas como “¿cómo crees que se sintió el otro?”

Entre la queja por las tareas y las exigencias, hubo al menos un docente que marcó una diferencia. Los niños suelen olvidar rápido lo bueno porque la mente se enfoca en lo que dolió.

Tarea de padres en vacaciones:
Invite a su hijo a hacer una lista de gratitud docente:

  • ¿Quién lo defendió alguna vez?
  • ¿Quién le explicó con paciencia?
  • ¿Quién le pidió disculpas si se equivocó?

Luego, ayúdelo a escribir una carta (aunque no la envíe). La gratitud se entrena. Y los padres son los primeros entrenadores.

Si su hijo vivió con miedo constante a entregar tarde, a sacar mala nota o a ser atrapado en una travesura, eso no es “flojera” ni “mal comportamiento”. Es ansiedad de rendimiento. Y muchos padres, sin querer, la aumentan cuando solo preguntan “¿ya hiciste la tarea?” en lugar de “¿cómo te sentiste haciéndola?”.

Tarea de padres en vacaciones:
Practiquen en vacaciones pequeñas dosis de frustración controlada:

  • Juegos de mesa donde se pueda perder.
  • Un proyecto casero que pueda salir mal.
  • Conversaciones sobre sus propios fracasos de cuando ustedes eran niños.

Explíquele que la ansiedad no es mala, solo necesita ser comprendida. Desde la filosofía estoica (en palabras simples): “No son los exámenes lo que te asusta, sino lo que te dices a ti mismo sobre los exámenes”. Enséñele a cambiar ese diálogo interno.

Cambiar de primaria a secundaria o de secundaria a preparatoria implica perder una identidad. El niño que era ya no será. El adolescente dejan un edificio, unos amigos, unos rituales. Eso duele, aunque no se diga.

Tarea de padres en vacaciones:
Hagan juntos un pequeño rito de despedida:

  • Quemar (con cuidado) una copia de una lista de “lo que no me gustó de este curso”.
  • Escribir una carta a su “yo del pasado” y guardarla.
  • Mirar fotos del primer día del ciclo anterior y comparar lo que ha cambiado.

No diga “no estés triste, es solo un cambio”. La tanatología enseña que el duelo simbólico hay que transitarlo, no saltarlo. Permítale llorar lo que se acaba, y luego ayúdelo a mirar lo que viene.

Viktor Frankl decía que el ser humano puede soportar casi cualquier “cómo” si tiene un “para qué”. Su hijo tal vez vivió injusticias, fracasos o exclusiones. Usted no puede borrar eso. Pero puede ayudarlo a construir un sentido.

Tarea de padres en vacaciones:
Hágale estas preguntas, sin prisa, en una tarde tranquila:

  • “De todo lo malo que viviste este año, ¿hay algo que te haya hecho más fuerte?”
  • “Si pudieras ayudar a un compañero que empieza el curso que tú acabas de terminar, ¿qué le dirías?”

No fuerce respuestas positivas. A veces el sentido es solo “aprendí que no quiero volver a sentir eso”. Y eso ya es un aprendizaje enorme.

Este artículo no es solo para su hijo. Es para usted también. Porque los padres también arrastran sus propias heridas escolares, sus ansiedades no resueltas, sus miedos a que los hijos fracasen.

Tarea de padres en vacaciones (y siempre):

  • Revise su propia relación con el rendimiento. ¿Lo presiona porque así lo presionaron a usted?
  • Observe cómo habla del colegio en casa. ¿Transmite que aprender es un castigo o una oportunidad?
  • Pida ayuda si nota que usted mismo no puede contener la ansiedad de su hijo. Un psicólogo no es para “locos”, es para gente valiente que quiere criar mejor.

Y algo fundamental: agradezca a su hijo por lo que él sí pudo sostener este año, aunque haya sacado malas notas o se haya portado mal. Porque detrás de cada travesura, muchas veces hay un niño que solo pedía ser visto.

Regresarán a clases dentro de poco. Pero si usted aprovecha estas semanas para:

  • Nombrar lo que dolió (bullying, ansiedad, miedos).
  • Agradecer lo que se recibió (maestros buenos, amigos leales).
  • Despedir lo que se acaba (infancia, etapa, edificio, rutinas).
  • Entrenar la frustración y la empatía en casa.

…entonces su hijo no solo cambiará de curso: cambiará de mirada. Y eso es mucho más valioso que cualquier promedio.

La frustración bien atendida se vuelve tolerancia.
El agradecimiento acompañado se vuelve resiliencia.
La empatía modelada se vuelve carácter.
Y la tanatología del cambio, bien vivida en familia, se vuelve sabiduría compartida.

La escuela de padres nunca termina. Estas vacaciones son su examen más importante. Y la buena noticia es que, si se equivoca, siempre puede volver a intentarlo. Porque sus hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan padres que estén dispuestos a aprender con ellos.

Si al leer esto reconoció en su hijo (o en usted mismo) señales de ansiedad persistente, tristeza profunda o conductas que no logra manejar, busque apoyo psicológico profesional. Atender a tiempo es un acto de amor, no de fracaso. Porque aprender a pedir ayuda también es parte de la escuela para padres.


Rubén Israel Gatica Gómez

Maestría en Psicología Organizacional en UPAEP, Ingeniero en Sistemas Computacionales por el Instituto Universitario Puebla. Consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo de empresas familiares. Miembro de la Semiotic Society of America. Alumno distinguido en certificación EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Facilitador de Mindfulness, Compasión y Comunicación No-Violenta (MICNV) por el Instituto de Ciencias para el Florecimiento Humano–Cultivo. Realizó una estancia internacional en Oklahoma State University en el área de logística, seguridad e higiene industrial (2011), y participó en el programa Faculty Led Study Abroad UJI: Organizaciones Saludables y Resilientes (2022) por la Universitat Jaume I de Castelló, España.

Actualmente consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo para adultos mayores y personas con cáncer en fase crítica o terminal. Miembro de la Semiotic Society of America.

Autor

Redacción PH

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