Domingo, abril 05, 2026

5 abril, 2026

Redacción PH

Valores pascuales: ¿un fraude o la única resistencia posible?

Por: Rubén Israel Gatica Gómez

En una sociedad líquida, donde todo se compra y se vende la esperanza suena a eslogan barato, el perdón a debilidad, la humildad a falta de ambición y la comunidad a pérdida de tiempo. Los discursos dominantes —tanto en medios como en las redes— nos entrenan en la desconfianza, en el descarte, en la velocidad. Un político que hable de servicio (sacrificio) suena sospechoso; una noticia que invite a la paz no genera clics.

¿Han sido reemplazados los valores pascuales en el imaginario colectivo?, sí, en gran medida. Han sido sustituidos por la exhibición del poder, la inmediatez del placer, la victimización identitaria y la acumulación como éxito. Sin embargo, aquí está la paradoja: justo cuando estos valores están más sepultados bajo los escombros de nuestra vida digital y política, emerge una necesidad desesperada de ellos. Lo vemos en el auge de la salud mental, en la búsqueda de comunidades reales, en movimientos vecinales que se organizan sin esperar nada del Estado. Lo que el poder desprecia, la gente lo necesita para no volverse loca.

La pregunta no es si la sociedad sigue esos valores —está claro que no— sino si yo puedo encarnarlos sin que me devoren  y vivir regidos por estos valores: ¿autolesión moral o acto de coraje? ,el riesgo parece real, ¿apoco no?: intentar ser humilde cuando te han enseñado que vales solo si sobresales, perdonar cuando tu infancia fue un campo minado de traiciones, o entregarte por otros cuando nunca aprendiste a poner límites, puede convertirse en una nueva forma de sufrimiento.

La evidencia psicológica es clara prosocial  y trascendente,  proteger la salud mental es posible, pero solo si se hace con integridad personal, no como mandato externo. No se trata de cumplir con una tradición, sino de hacer propia una brújula que te permita navegar en medio de la tormenta sin naufragar.

Pero eso no nos exonera. Al contrario: vivir los valores pascuales hoy es un acto de desobediencia civil frente al sistema mediático-político. Implica:

  • Consumir noticias con un cuchillo entre los dientes: con horarios, con filtros, sin dejarse intoxicar. No tragar la desesperanza como si fuera inevitable.
  • Exigir a los representantes públicos que se manchen las manos con el servicio, y desenmascarar a los que usan el poder para humillar. No votar con resignación, sino con criterio de dignidad.
  • Practicar el disenso sin demonizar. La cultura de la cancelación es la antípoda del perdón. Se puede estar en las antípodas políticas y negarse a tratarse como enemigos.

Y ahora vamos al hueso. Porque hablar de valores elevados cuando uno arrastra heridas de abandono, apego inseguro, invalidación crónica o trauma, es como pedirle a alguien con una pierna rota que corra un maratón por solidaridad. Las heridas de infancia no son un detalle menor: son el filtro a través del cual vivimos cualquier mandato moral.

Si intentas aplicar los valores pascuales sin sanar esas bases, lo más probable es que:

  • Perdones como te enseñaron a callar: confundiendo perdón con tolerancia al abuso, repitiendo el rol de niño que tenía que agradar para sobrevivir.
  • Te sacrifiques hasta desaparecer: replicando la dinámica de infancia donde tu valor dependía de cuidar de otros, no de ser cuidado.
  • Busques esperanza como quien se agarra a un clavo ardiendo: sin tolerar la incertidumbre, generando ansiedad crónica porque “algo bueno tiene que pasar ya”.

Por eso, cualquier intento serio de vivir estos valores tiene que pasar por el diván, por la terapia, por la conciencia de tu propia historia. No por narcisismo, sino por honestidad.

A continuación, algunas herramientas basadas en psicología de la evidencia (terapia de aceptación y compromiso, terapia centrada en esquemas, enfoques de apego y psicología positiva) para que los valores pascuales no sean una condena, sino una liberación.

1. Perdón: un acto íntimo, no un contrato social

El investigador Everett Worthington diferencia entre perdón emocional (soltar el rencor) y reconciliación (restaurar la confianza). Perdonar te libera a ti, no al otro.
Aplicación pascual: puedes vivir el valor del perdón sin volver a abrir la puerta a quien te dañó. Eso no es incoherencia, es salud mental.

2. Esperanza: no es optimismo barato, es estrategia

La psicología positiva define la esperanza como agencia (voluntad) + caminos (planificación). No es creer que todo saldrá bien, es saber que tienes recursos y que puedes buscar rutas.
Aplicación: ante la desolación, hazte: “¿Qué puedo hacer hoy, con lo que soy y lo que tengo?”. La esperanza se construye con pequeños actos, no con slogans.

3. Humildad: no es baja autoestima

June Tangney demostró que la humildad auténtica requiere una evaluación precisa de uno mismo y apertura. Si te han criado a golpes de “no vales nada”, tu humildad será en realidad un síntoma.
Aplicación: primero construye un yo robusto (con terapia si es necesario). Luego, la humildad será fortaleza, no sumisión.

4. Comunidad: con apego seguro, no con fusión tóxica

Para quien viene de abandonos o traiciones, la comunidad puede desatar miedo. La terapia centrada en apego propone construir bases seguras: relaciones donde puedas ir abriéndote sin saltar al vacío.
Aplicación: busca grupos (religiosos, laicos, activistas) que respeten tus tiempos y no confundan fraternidad con posesión.

5. Sacrificio: con límites, no con anulación

El valor del sacrificio puede ser secuestrado por la culpa. La psicología insiste: para cuidar de otros hay que estar vivo y entero.
Aplicación: ante cada “debería darme por los demás”, pregúntate: “¿Lo hago por amor o por mandato? ¿Estoy descuidando lo que me sostiene?”.

La Pascua no es un consuelo edulcorado. Si se toma en serio, es una amenaza para todo orden que se sostenga sobre el odio, la desesperanza, la humillación y el individualismo feroz. Por eso sus valores estorban. Y por eso, si los hacemos propios —no como tradición vacía, sino como opción de vida—, nos convertimos en una molestia para el cinismo instalado.

Pero para hacerlo sin rompernos, tenemos que hacer las paces con nuestra propia historia. No hay entrega sana sin límites. No hay perdón auténtico sin autoestima. No hay esperanza real sin reconocimiento del dolor.

Vivir una Pascua en la actualidad no es repetir ritos, sino atreverse a una coherencia incómoda: la de quien elige perdonar sin ser ingenuo, esperar sin evadirse, servir sin desaparecer, y construir fraternidad sin entregar su alma al primer ídolo político o mediático que se la pida.


Rubén Israel Gatica Gómez

Maestría en Psicología Organizacional en UPAEP, Ingeniero en Sistemas Computacionales por el Instituto Universitario Puebla. Consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo de empresas familiares. Miembro de la Semiotic Society of America. Alumno distinguido en certificación EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Facilitador de Mindfulness, Compasión y Comunicación No-Violenta (MICNV) por el Instituto de Ciencias para el Florecimiento Humano–Cultivo. Realizó una estancia internacional en Oklahoma State University en el área de logística, seguridad e higiene industrial (2011), y participó en el programa Faculty Led Study Abroad UJI: Organizaciones Saludables y Resilientes (2022) por la Universitat Jaume I de Castelló, España.

Actualmente consultor, conferencista y capacitador en el área de bienestar, tanatología, liderazgo y desarrollo para adultos mayores y personas con cáncer en fase crítica o terminal. Miembro de la Semiotic Society of America.

Autor

Redacción PH

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