Izquierda, derecha, la nueva disputa por México
Luis Enrique Sánchez Fernández
La vieja disputa entre derecha e izquierda nunca desapareció en México. Permaneció oculta, disfrazada, administrada por el sistema político, por los acuerdos del poder o por el pragmatismo electoral. Pero ahora ha vuelto a mostrarse con fuerza, con nombres, intereses y actores visibles.
La llegada de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República no sólo significó la continuidad política de la llamada Cuarta Transformación; también abrió un nuevo capítulo de confrontación ideológica dentro y fuera del país.
No es casual.
México vive hoy un momento estratégico en el escenario internacional. Su peso económico, su cercanía con Estados Unidos, su papel en el fenómeno migratorio, su importancia energética y comercial, así como su estabilidad política relativa frente a otros países latinoamericanos, lo convierten en una pieza clave dentro de la disputa global.
Y donde existen intereses estratégicos, aparece inevitablemente la lucha política.
Por eso no resulta extraño que sectores conservadores mexicanos perciban que los vientos internacionales comienzan a favorecerlos nuevamente. El regreso de Donald Trump como figura dominante en Estados Unidos, el crecimiento de las derechas europeas y la presencia mediática de personajes como Cayetana Álvarez de Toledo o Isabel Díaz Ayuso forman parte de un mismo clima político internacional.
Terreno fértil, condiciones adecuadas, para el retorno público de Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes tragándose el odio y rechazo compartido por ambos, se presentan en reunión pública con la élite de la derecha mexicana, para combatir a la izquierda mexicana.
La nueva derecha internacional comparte varios objetivos: debilitar proyectos nacionalistas o progresistas; reducir el papel económico del Estado; contener políticas sociales expansivas; y combatir ideológicamente todo aquello que identifiquen con “populismo”, “izquierda” o “socialismo”.
México entra en esa lógica.
Aquí existen sectores inconformes con el proyecto de Morena: empresarios, intelectuales, grupos de clase media, organismos autónomos, partidos opositores y viejas élites políticas.
No se trata solamente de una lucha entre “buenos y malos”. Tampoco entre patriotas y traidores. Mucho menos entre democracia y dictadura.
Estamos frente a una disputa por el modelo de país.
Una confrontación histórica sobre quién debe conducir a México: el mercado o el Estado; las élites tradicionales o una nueva clase política; el liberalismo económico o el nacionalismo social; la globalización financiera o una visión mas soberana.
Y en medio de esa confrontación están los mexicanos.
México necesita crítica. Necesita oposición. Necesita debate. Pero también necesita serenidad política.
Porque detrás del ruido ideológico internacional, de Trump, de Ayuso o de cualquier actor extranjero, el verdadero problema sigue siendo interno: qué país queremos construir los mexicanos en el siglo XXI.
Y esa decisión, guste o no, no debería tomarse en Washington, Madrid o las redes sociales.
Debería decidirse aquí. En México.
Es cuanto.
Autor
Luis Enrique Sánchez Fernández
Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.
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