EDÉN POLÍTICO

Pedro Lara Hernández

En el libro La Presidencia Imperial escrito por Enrique Krauze se cuenta una interesante anécdota acerca de la sucesión presidencial de 1957, donde resultó candidato del PRI el Lic. Adolfo López Mateos, secretario de Trabajo del gabinete del presidente Adolfo Ruiz Cortines. Es importante conocerla para poder entender un poco la política y los políticos de México. La cito.

“Después del informe presidencial de 1957, Ruiz Cortines llamó al general Olachea Avilés, Presidente del PRI. Un escritor cercano a Olachea recuerda la escena. Ruiz Cortines le dijo:

-Mi general, analicemos. ¿A quienes se menciona?

-Pues, señor –dijo el general-, ahí esta el licenciado Ángel Carvajal

-Bien –contestó el presidente-, ése es paisano nuestro. Lo queremos mucho. Lo conocemos mucho. No lo vamos analizar porque lo conocemos  de sobra. ¿Quién otro?

-Señor, el señor Flores Muñoz.

-¡Ah caray! Gallo de espolón muy duro. Muy amigo. Muy trabajador. ¿Quién otro?

-El señor doctor Morones Prieto.

-¡Ah!, honesto como Juárez, austero como Juárez, patriota como Juárez, si señor. ¿Quién otro?

-El licenciado Uruchurtu.

¡Ah! –exclamó Ruiz Cortines-, ¡qué buen presidente sería los primeros dieciocho años! ¿Quién otro?

-Señor, creo que son todos.

-Oiga, ¿y López Mateos?

Respuesta rápida de Olachea:

-Está muy tierno, señor presidente.

-De todas manera se menciona. Mire, investigue usted, dicen que es protestante. Investigue si lo es. Bueno, lo dejaremos de primera lectura, mi general, seguiremos platicando.

Sale el viejo como balazo, llega al partido, nos convoca a tres o cuatro, nos cuenta la entrevista y dice:

¡Es Morones Prieto!, Austero como Juárez, patriota como Juárez, honesto como Juárez, ¡Morones Prieto!

Salimos todos a contarlo, porque en esos casos nadie es discreto. Gonzalo N. Santos y Leobardo Reynoso, que estaban con Morones Prieto, saltaron: ¡ya se nos hizo! Mientras, Olachea, como buen militar se puso a cumplir las órdenes recibidas. Agustín Salvat y René Capistrán Garza, que tienen ligas muy fuertes con la iglesia, organizaron una cena con el señor Miguel Darío Miranda. Ahí el general Olachea con una ingenuidad conmovedora, le pregunta al señor Miranda si López Mateos  es protestante. Y el señor Miranda, hombre inteligente, le contesta que por una parte no lo sabe, y por la otra que tampoco le interesa porque “en México funciona muy bien la separación de la Iglesia y el Estado, y la Iglesia no se mete en política”.

Al poco tiempo, el presidente llama otra vez a Olachea y le dice:

Señor general. ¿Dónde nos quedamos?

Olachea responde:

Señor, quiero informarle sobre lo de López Mateos.

¡Ah! –lo interrumpió-, ya no siga, general. ¡Ese es!

Lo cual significa que Ruiz Cortines desde mucho antes había tomado su decisión, y que su juego era distraer a la gente para que no se le cargara a López Mateos.

Ruiz Cortines destapó a López Mateos sin que ningún precandidato de la “familia revolucionaria” lo perturbara. En su caso no hubo disensiones como las de Almazán, Padilla o Henríquez. Totalmente dueño de la situación, se divirtió como niño. “Quién iba a decirlo, ¿eh?, salió López Mateos”, comentó en la mesa a varios jóvenes colaboradores que lo acompañaban en una gira por la provincia, como si la noticia que leía en los periódicos le tomara por sorpresa. Cuando los corresponsales se le acercaban para preguntarle sobre el proceso de la sucesión, contestaba: “¿y yo qué sé?, yo andaba por aquí”. Luis M. Farías, que vivió la escena, escribiría años después: “era un viejo muy inteligente en la política mexicana, a la antigua, muy buena”.

Se inclinó por López Mateos porque había sido un eficaz secretario de Trabajo. Según Antonio Ortiz Mena, había otras razones de peso “López Mateos no tenía compromisos políticos, tenía un conocimiento del país muy vasto, era un hombre muy culto y simpático, carismático, y que no se dedicó a hacer política personalista”.

En el domino de la sucesión presidencial Ruiz Cortines había ganado la partida: mudo a veces, parlanchín en otras, mañoso siempre. Había desorientado a sus colaboradores para proteger su propio juego, ahorcar el de los contrarios sin piedad y cerrar la partida sacando la ficha clave en el momento justo.”

Siempre he pensado que las decisiones mas importante de un presidente de la república en México es, primero, saber con certeza quién debe ser su sucesor, y segundo, cómo debe realizar su juego para sacar limpia, pura y sin mancha la candidatura presidencial. En eso se basa la conservación del poder político.