Poder, propaganda y simulación política en Puebla
Poder, propaganda y simulación política en Puebla
Primera entrega de la serie: La elección que ya empezó
La eterna disputa por el poder
Las bardas comenzaron a hablar, los espectaculares aparecieron nuevamente. Las entrevistas “casuales” se multiplican.
Las redes sociales empiezan a inundarse de fotografías, saludos, recorridos, encuentros, desayunos, reuniones, inauguraciones y sonrisas cuidadosamente calculadas.
Todavía no empieza formalmente el proceso electoral. Pero la lucha por el poder ya comenzó.
En México las elecciones nunca arrancan cuando lo marca la ley.
Empiezan mucho antes, silenciosamente, mediante un proceso de ocupación del espacio público y del imaginario colectivo.
Lo que hoy observamos en Puebla no es espontáneo.
Es el viejo mecanismo político mexicano adaptado a los nuevos tiempos: la construcción anticipada de candidaturas.
Las bardas no son decoración urbana. Los espectaculares no son ejercicios de vanidad inocente. Las entrevistas repetidas no son casualidad.
Son mensajes políticos. No buscan todavía pedir el voto.
Buscan algo más importante: instalar nombres en la mente de la población.
La política moderna funciona cada vez menos alrededor de ideas y cada vez más alrededor de percepción, presencia y posicionamiento.
El ciudadano empieza a familiarizarse con ciertos personajes antes siquiera de conocer: qué piensan, qué proponen, qué representan, o incluso quiénes son realmente.
La repetición crea reconocimiento. Y el reconocimiento, en política, termina fabricando “viabilidad”.
Por eso aparecen de pronto personajes que comienzan a recorrer colonias, asistir a eventos, declarar sobre todos los temas, dejarse fotografiar con empresarios, deportistas, artistas, líderes sociales o figuras populares.
Todos saben lo que está ocurriendo.
Los partidos lo saben.
Los gobiernos lo saben.
Los medios lo saben.
Las autoridades electorales también lo saben.
Pero el sistema político mexicano aprendió desde hace décadas el arte de la simulación. Entonces las campañas adelantadas ya no se llaman campañas.
Ahora reciben nombres elegantes: “promoción institucional”, “informes”, “presencia pública”, “agradecimientos”, “actividades ciudadanas”, “ejercicio de comunicación”.
La ley intenta contener el proselitismo anticipado, pero la cultura política mexicana siempre encuentra la manera de rodear la ley sin romperla completamente.
Y Puebla tiene larga experiencia en ello.
La disputa ya comenzó.
Es cuanto.
Autor
Luis Enrique Sánchez Fernández
Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.
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