Viernes, mayo 01, 2026

10 marzo, 2026

Luis Enrique Sánchez Fernández

La mujer, eje de la familia antes del patriarcado

La mujer, eje de la familia antes del patriarcado
1ª. Entrega

Luis Enrique Sánchez Fernández

(Ensayo breve de reflexión histórica)


Se ha repetido, como verdad indiscutible, que la historia de la humanidad ha sido siempre dominada por los hombres. Sin embargo, investigaciones antropológicas, arqueológicas e históricas de las últimas décadas ha mostrado que la realidad fue mucho más compleja. Hubo épocas en las que la organización de la vida familiar giraba alrededor de la mujer y no del varón.


No se trata de imaginar un mundo gobernado exclusivamente por mujeres, sino de reconocer que en numerosas sociedades antiguas la estructura social estaba organizada en torno a la figura materna. La mujer era el punto de referencia del parentesco, la continuidad del grupo y, en muchos casos, de la economía cotidiana.


Durante la mayor parte de la historia humana (especialmente en el Paleolítico, cuando los grupos humanos vivían de la caza y la recolección) las comunidades eran pequeñas, móviles y relativamente igualitarias. La supervivencia dependía del trabajo colectivo. La caza aportaba alimento, pero la recolección de frutos, raíces y semillas (actividad en la que participaban principalmente las mujeres) garantizaba una parte esencial de la dieta.


En ese contexto, la maternidad ocupaba un lugar central en la organización social. La filiación era clara a través de la madre, mientras que la paternidad no siempre podía establecerse con certeza. Por ello, en muchas comunidades el parentesco y la pertenencia al grupo se definían por la línea materna. Los hijos pertenecían al clan de la madre, y los vínculos familiares se organizaban alrededor de ese núcleo.


Este tipo de organización, que los antropólogos denominan matrilineal, ha existido en diversas culturas a lo largo de la historia. En ellas, la herencia, el nombre del linaje y la identidad del grupo se transmitían a través de la mujer. Los hombres tenían funciones importantes —como la defensa o la representación política— pero la estructura del parentesco se articulaba desde la maternidad.


Con el paso de los milenios, ese equilibrio comenzó a transformarse. Uno de los cambios más decisivos fue la aparición de la agricultura hace aproximadamente diez mil años. La agricultura introdujo un elemento nuevo en la historia humana: la propiedad. La tierra, el ganado y los excedentes agrícolas comenzaron a acumularse y a transmitirse entre generaciones.


Cuando la riqueza se volvió heredable, surgió una preocupación central: asegurar que los bienes pasaran a los propios descendientes. En ese momento la organización social empezó a desplazarse hacia sistemas en los que el control masculino de la familia se volvió cada vez más importante.


A la agricultura se sumaron otros factores. Las guerras entre comunidades, el surgimiento de jerarquías políticas y la formación de los primeros Estados consolidaron estructuras de poder dominadas por varones. Las grandes civilizaciones de la Antigüedad —en Mesopotamia, Grecia o Roma— desarrollaron sistemas jurídicos y religiosos que reforzaron esa supremacía masculina.


Así nació lo que hoy conocemos como patriarcado, una forma de organización social en la que la autoridad familiar y política recae principalmente en los hombres.


Sin embargo, recordar que la humanidad no siempre vivió bajo ese modelo permite comprender algo fundamental: el machismo no es una condición natural e inevitable de la especie humana. Es una construcción histórica que surgió en circunstancias económicas, políticas y culturales determinadas.


Antes de que la propiedad, la guerra y el Estado transformaran las sociedades humanas, hubo largos periodos en los que la vida social se organizaba alrededor de la mujer, de la maternidad y de la continuidad del grupo.


Mirar hacia ese pasado no significa idealizarlo, sino reconocer que la historia humana ha conocido múltiples formas de organización. Y que, como toda construcción histórica, también el patriarcado tiene un origen, una evolución… y quizás, en el largo curso del tiempo, también un final.


Es cuanto.

Autor

Luis Enrique Sánchez Fernández

Periodista, economista, historiador, universitario BUAP. Con más de 40 años en los medios, ha escrito en periódicos y revistas, ademàs colaborado para radio, televisión y portales digitales. Creador de Poblanerìas y fundador de PeriodismoHoy.com. Primer director de Radio BUAP hace 25 años. Impulsor del periodismo de investigación.

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