La elección en Hungría
Pedro Lara Hernández
“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien
pretende que sople el aire donde pone la vela”
Antonio Machado
La actual interdependencia geopolítica obliga a observar y comprender los acontecimientos políticos de los países más relevantes del mundo. En ese contexto, resulta pertinente analizar las recientes elecciones parlamentarias desarrolladas en Hungría.
Hungría es un país sin salida al mar, ubicado en Europa Central. Limita con Austria al oeste; Eslovaquia al norte; Ucrania al noreste; Rumania al este; Serbia al sur; Croacia al suroeste, y Eslovenia al oeste. Cuenta con una población aproximada de 9.6 millones de habitantes (2024).
Se trata de una República parlamentaria, donde el presidente funge como jefe de Estado, mientas que el primer ministro ejerce como jefe de gobierno y detenta el poder ejecutivo. El Parlamento es unicameral -la Asamblea Nacional-, y constituye el eje del sistema político. Administrativamente, el país se divide en 19 condados y 23 ciudades con status especial; su capital Budapest, es el principal centro político, económico y cultural.
En el ámbito económico, Hungría es considerada una nación de ingresos altos y una de las economías más desarrolladas de Europa Central y Oriental. En términos de Producto Interno Bruto nominal, se ubica aproximadamente entre los lugares 12 y 13 dentro de los 27 países de la Unión Europea. Destacan sus sectores automotriz, tecnológico y agrícola, aunque su peso económico sigue siendo moderado frente a potencias como Alemania y Francia.
El pasado domingo 12 de abril se llevaron a cabo elecciones parlamentarias para renovar los 199 escaños de la Asamblea Nacional, cuyos integrantes serán responsables de designar al primer ministro para el periodo 2026-2030.
La jornada fue histórica: registró una participación cercana al 78%, las más alta desde la caída del comunismo. La contienda se centró en un enfrentamiento decisivo entre el primer ministro saliente, Viktor Orban, líder del partido Fidesz-KDNP – en el poder desde 2010-, y el opositor Peter Magyar, exintegrante de ese mismo partido y fundador del movimiento centroderechista Tisza.
El proceso electoral estuvo marcado por un creciente desgaste social tras mas de una década y media de gobierno de Orban, cuya administración acumuló criticas por presunta corrupción, control de medios de comunicación y la implementación de políticas calificadas como liberales, además de sus tensiones recurrentes con la Unión Europea. En el ámbito internacional, Orbán se distinguió por su cercanía con Donald Trump y Vladimir Putin, defendiendo un modelo nacionalista, conservador y de corte cristiano.
Por su parte, Peter Magyar, de 45 años, emergió como una figura sólida de renovación política. Su propuesta, ubicada en la centroderecha reformista, se articuló en torno a la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento institucional y un claro reencuentro con Europa. Prometió un alineamiento firme con la Unión europea y la OTAN, mayo transparencia gubernamental y el restablecimiento del equilibrio democrático.
Con casi el 99% de los votos escrutados, Magyar y su partido Tisza obtuvieron una victoria contundente: entre el 53% y 54 % de los sufragios, lo que se traduce en aproximadamente 138 escaños, alcanzando así una súper mayoría de dos tercios en el Parlamento. Este resultado les permitirá impulsar reformas constitucionales y revertir buena parte del legado legislativo de la era Orbán.
En contraste, Fidesz-KDNP obtuvo alrededor del 38% de los votos y apenas 55 escaños, perdiendo mas de la mitad de su representación. El partido ultraderechista Mi Hazánk (Nuestra patria), logró una presencia marginal, con entre 6 y 7 escaños.
El ascenso del partido Tisza -cuyo nombre evoca los valores de respeto y libertad-, constituye un fenómeno político de gran relevancia. Bajo el liderazgo de Magyar, logró canalizar el descontento ciudadano frente a prácticas como el nepotismo, la corrupción y la concentración de poder institucional.
Frente a este escenario, el gobierno saliente recurrió a campañas de temor ante el avance de la oposición reflejado en encuestas independientes. Sin embargo, estas estrategias resultaron insuficientes. La mayoría del pueblo húngaro optó por el cambio, marcando un giro político significativo no solo en el ámbito interno, sino también en el equilibrio internacional, al debilitar la influencia de figuras como Donald Trump y Vladimir Putin, quienes pierden a un aliado estratégico en la región.
Autor
Pedro Lara Hernández
Estudió Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. Diplomado en Política Gubernamental. Diplomado en Administración y Decisiones Financieras. Maestría en Ingeniería Económica Financiera. Ha colaborado en diferentes áreas en la administración pública federal y en los estados de Tabasco y Veracruz. Periodista y analista de la realidad política y económica de México.
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