El PAN: nueva imagen, misma decadencia
Angélica Beltrán
El nuevo logotipo del Partido Acción Nacional no representa absolutamente nada para el crecimiento del partido ni para su reposicionamiento como opción de gobierno. Es, más bien, otro intento superficial de aparentar renovación, mientras sus estructuras, discursos y liderazgos permanecen anclados en el pasado.
Modificar el logo sin cambiar el rumbo político ni las ideas es un gesto vacío. El PAN sigue sin proyecto de gobierno, sin plan de trabajo y sin una narrativa capaz de conectar con la ciudadanía. Su discurso continúa siendo un eco gastado, más centrado en la nostalgia del poder que en las necesidades reales del país.
En los últimos siete años, el PAN —al igual que el PRI— ha transitado hacia su propio derrumbe. No por culpa de Morena, como suelen justificar sus dirigentes, sino por su incapacidad de ofrecer una alternativa creíble. Morena surgió, guste o no, de un proyecto de nación con rumbo y base social; el PAN, en cambio, se hunde entre disputas internas y vacíos ideológicos.
El nuevo logo no es más que un símbolo hueco de lo que el partido se ha vuelto: una organización sin propuesta, sin credibilidad y sin identidad más allá de sus intereses empresariales. Lo prueban los gobiernos panistas del pasado, como los de Vicente Fox y Felipe Calderón, que demostraron que podían ser peores que los del viejo PRI neoliberal.
El caso de Guanajuato es ejemplo de ello: décadas de gobiernos panistas que favorecieron a grandes empresarios agrícolas e industriales, mientras los campesinos fueron desplazados o forzados a migrar. La bonanza de las “berries” se debió al respaldo gubernamental a un sector empresarial, por un lado; y a la marginación de los pequeños productores, por el otro.
A esto se suma una lucha interna que carcome al partido desde dentro: de un extremo, el grupo Creel-Anaya-Cortés, que se debilita cada vez más; y en el otro, el encabezado por Jorge Romero. Una guerra intestina que amenaza con destruir lo poco que queda de su estructura.
El PAN no ha sabido reinventarse. Gobierna poco, convence menos y sobrevive apenas gracias a la inercia de un nombre que alguna vez representó oposición moral y democrática. Hoy, su declive parece inevitable: si no cae por falta de proyecto, caerá por su propia ambición. Porque Acción Nacional no llegó al poder por mérito propio, sino por el colapso del PRI.
Y ahora, frente a una nueva hegemonía política, la de MORENA, el PAN repite la historia: sin ideas, sin liderazgo y sin rumbo, pero eso sí, con nuevo logo ¡qué gran renovación!
Autor
Redacción PH
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